AGRESIVIDAD

El hombre y el perro llevan conviviendo juntos según los descubrimientos arqueológicos unos 31.700 años, es sabido que  a través de la selección y la domesticación los cánidos se convierten en un amigo cooperativo ayudándonos en nuestro trabajo y en las tareas cotidianas. Este compañero sincero, honesto, capaz de perdonar, confiado, fiel, que no conoce la conspiración, no sabe lo que es traicionar,  que odia la tiranía…… consigue establecer un estrecho vínculo con nosotros y adaptarse al medio donde vive, teniendo la necesidad de relacionarse con su entorno, compartiendo en muchos casos el mismo espacio y formando parte de nuestra familia.

 

En ocasiones la relación con nuestro perro se encuentra bajo presión, si es así, pueden aparecer comportamientos agresivos que sin duda conducirán poco a poco al deterioro de la misma. En el momento que aparecen los primeros síntomas, nuestro deber es tratar el problema lo más urgente posible para que el vínculo no se deteriore y sigamos  disfrutando de la convivencia con nuestro mejor migo de una forma segura y beneficiosa para ambos.

Para superar estas crisis, es necesario recurrir al vínculo, es decir, volver a relacionarnos con nuestro perro de forma fluida y sin tiranías, esto será lo único que nos ayude a dominar la situación. El sentimiento de culpa a veces puede influir en el proceso, pero se debe perseverar en recuperar el vínculo, esto nos dará el aliciente necesario para resolver en parte el problema. Tenemos que ver este inconveniente desde la perspectiva del perro, si el supiera que puede gestionar su agresividad seguro que no tendría ese comportamiento antisocial, él ha aprendido una serie de comportamientos que dificultan comportarse de una forma adecuada, se siente inseguro y eso le hace soltar en ocasiones su agresividad.

Nuestro trabajo consiste en que el perro se auto-convenza de que su comportamiento no es el idóneo y que debe portarse de una forma apropiada para la convivencia en sociedad.

En este trabajo influye la ética, no sería lógico tratar la agresividad donde una gran parte de ella se fundamenta en la aversión, utilizando métodos aversivos. Esta debe tratarse básicamente con protocolos de contracondicionamiento, estrategias de comportamiento de adaptación o capacidades de gestión y una buena y sana relación donde sea el vínculo y la confianza sus principales herramientas.

¿Hemos visto que nuestro perro gruñe a alguien?

¿Ha intentado morder a alguien nuestro perro?

Aquí está el problema…

Existe una negativa generalizada de propietarios o dueños que no quieren reconocer el problema que tiene su perro, no se creen que su mejor amigo tiene un problema de agresividad, incluso hay personas que se ríen cuando un perro joven les gruñe, o felicitan un comportamiento predador, o un comportamiento protectivo o se sienten orgullosos cuando su perro se irrita con demasiada frecuencia, se piensan que desaparecerá a medida que el perro crezca, en casi la totalidad de los casos esto no es así y cuando se comienza a aceptar el problema, normalmente tarde, la mayoría de los dueños de estos perros optan por llevarlo a una escuela de adiestramiento esperanzados en que puedan corregir el comportamiento inadecuado de su mascota, no quiero decir que las clases de obediencia no aumenten y consoliden el vínculo entre el perro y su dueño, sencillamente estas clases no son las más apropiadas para la orientación de un dueño con problemas de agresividad en su perro. Otros propietarios piensan que el imponer jerarquía imponiendo dominancia y hacerse respetar por el conducto del miedo a su perro puede corregir el inconveniente. Es necesario desengañarse, la agresividad es una patología que casi nunca mejora sin la intervención de un especialista o profesional del comportamiento canino, estos orientan y asesoran al dueño de cuál es el modelo de convivencia que mejor se adapte a cada caso ya que no todas las agresividades son iguales ni cuentan con el mismo tiempo de desarrollo, al igual que a través de los protocolos antes citados se mejora el estado emocional del perro y por consiguiente su readaptación al medio, no está de más decir que existen casos que se debe aprender a convivir con la agresividad aunque de una forma atenuada y en contadas ocasiones no es posible su solución, de ahí y, de una forma insistente recomiendo la temprana valoración de un especialista en agresividad.

Pau.

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